

hoy fui a ver un ballet. eran tres en realidad: Aftermath, Come In!, y La consagración de la primavera. no recuerdo la última vez que había ido a ver uno.
no suelo ver muchos espectáculos en vivo. recitales de música, y ni siquiera tan seguido. teatro poco. danza menos.
y sin embargo cada vez que voy al teatro, siempre salgo igual de fascinada. ¿cómo puede ser que yo esté viendo eso que hacen ellos, aquí, ahora?
hay algo de la destreza que no logro comprender del todo. algo del acto –tomado en el sentido literal: el gesto, hecho en el momento, y presenciado en el momento.
sin edición, sin cortes, sin costuras. o por lo menos todo a la vista. el momento decisivo es en todos los momentos. lo crucial de cada movimiento, de cada paso, de cada pisada, cada músculo, cada respiro.
y la coreografía… no importan los pasos, lindo, feo, impresionante o sutil. coreografía pensada como una expresión de lo colectivo. si yo me muevo acá, vos allá. y, así, todo funciona.
La consagración de la primavera abre con una imagen impresionante: una bailarina en el centro de escena, prácticamente desnuda, con una falda que llega hasta los extremos del escenario. el telón se parte y está plegada, su espalda fibrosa y desnuda dándonos la bienvenida a la escena. es un cuerpo, pero no se entiende bien cómo.
Aftermath también deforma el cuerpo, pero lo hace de manera colectiva. incontables bailarinas, todas idénticas, moviéndose de manera tal que ni parecen cuerpos que tienen la habilidad para desplazarse de manera normal… parecen nunca haber caminado ni corrido a ningún lado. todo lo hacen en punta; sólo así se desplazan. de frentea para adelante, para atrás y para los costados. y todas en masa. parecen hormigas, o bacterias, o cosas… no sé qué. termina la coreografía, salen todas de escena pero el ruido de las puntas sobre el piso de las patas del escenario sigue sonando, aún con el escenario vacío y las luces prendidas. presencia en ausencia.
Come In! es una danza de chabones. fue lo que más me conmovió. un vestuario idéntico los viste a todos: una malla entera –manga larga y calzas largas– negra, bien apretada y opaca. una música sutil, mayor, con una melodía –un theme– que se repite en todos los movimientos. no hay saltos –Barýshnikov le pidió especialmente a Ascure Barton, la coreógrafa, que no los hubiera–, de modo que todos los bailarines se funden en un solo movimiento. lo colectivo tiene su efecto a tal punto que cuando leímos el programa con mi hermana, mi tía, mi mamá y sus amigas (con quienes fuimos a ver el ballet), al ver el nombre del solista que bailaba en nuestra fecha, todas hicimos el mismo comentario: "no pude distinguirlo del resto". no creo que esto se deba a su destreza ni presencia. creo que es expresión de algo mayor. Come In! se trata de estar presente, de salir a escena (el mundo, la vida como escenario… pienso: "all the world's a stage"). al margen de que la idea de "estar presente" haya sido cooptado por movimientos a los que no suscribo (mindfulness, budismo new age, etc.), no puedo dejar de lado el hecho que, desde las 18hs, no puedo dejar de pensar en esos chabones. todos juntos, moviendo sus cuerpos viriles y fuertes y marmolados a esta música sensible, con una coreografía que linda con lo femenino y masculino a la vez… me obsesiona la imagen. ellos, todos juntos, en escena. Come In! ¡entré! ¡estoy acá! ¡ahora! ¡escribiendo!
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